Cambios
7:02 Edit This 13 Comments »Elizabeth (23, Wilde)
La última vez que había visto a Jhonatan, ambos teníamos 13 años y estábamos terminando séptimo grado. Después, su padre, oficial de la Prefectura, tuvo que ir a cumplir con el nuevo destino que le habían asignado en la fuerza y con toda su familia se mudó a Paraná, Entre Ríos.
La despedida fue muy triste, ya que éramos algo así como noviecitos y a pesar de nuestra corta edad, sabíamos que pasaría mucho, pero mucho tiempo hasta que nos volviéramos a encontrar.
Durante años mantuvimos el contacto a través de las cartas que nos íbamos escribiendo. En ellas nos contábamos todos los cambios, propios de la adolescencia, que cada uno iba experimentando. En algún momento, no recuerdo si a los dieciocho o diecinueve años, Jhonatan empezó a confesarme como estaba profundizando esos cambios de los que ya hablé, y que sentía incomprensión por parte de su familia. Al principio no presté mucha atención porque supuse que se trataría de alguna típica rebeldía en respuesta a la rígidad educación religiosa impuesta por sus padres.
Empecé a tomar la cosa un poco más en serio, cuando un par de años después me llegó una nueva correspondencia -que cada vez se hacía más intermitente-, donde contaba que para evitar males mayores, abandonaría la casa de sus padres. Se fue a vivir a Rosario, donde su abuela materna lo acogería un buen tiempo.
Hace un mes, después de un año sin noticias de él, recibí otra carta donde me anticipaba que vendría a Buenos Aires y que se moría de ganas de verme. Ni se imagina Doctor Preciado mi emoción, la felicidad que invadió mi corazón y el montón de sensaciones que experimenté ante el inminente reencuentro con mi novio de la infancia, mi primer amor, el único hombre por el cual sentí cosas tan maravillosas.
Me ganó la ansiedad, así que arreglamos que lo iría a recibir a la terminal de ómnibus. Era un lunes a la noche y a eso de las diez escuché por los alto parlantes que hacía su arribo por la plataforma 35 el micro que venía de Rosario.
La gente bajaba y yo no lograba reconocer a Jhonny en ninguno de los muchachos que ya estaban retirando su equipaje. De pronto, cuando ya empezaba a preocuparme y pensaba preguntar si en realidad este era el micro, se me acercó una persona con una gran valija tirada de su carrito. "Hola Eli ¿cómo estás amiga?".
Se la veía muy emocionada, a punto de soltar el llanto. Realmente llamaba la atención: era muy vistoso su cabello rubio, largo y ondulado cayendo sobre los hombros. Llevaba una minifalda negra, recuerdo, que hacía que todos los hombres miraran sus piernas. Sus ojos verdes, hermosos. Por último, su escote generoso, dejaba asomar unos pechos más grandes que los míos. Tendría ciento y pico ahí.
Yo me extrañé, y con mi mejor sonrisa le pregunté de donde me conocía. A lo que la rubia me contestó: "Soy Jhonny, hermosa".
Imagínese Doctor, ahora estoy muy confundida. No se que hacer. Esperé durante años este momento... Hasta conservé mi virginidad para él, y ahora me encuentro con esto. Yo lo sigo amando... pero esta situación me supera.
Mi Estimada:
A veces las apariencias nos alejan de lo que realmente queremos. Creo que no deberías guiarte tanto por lo exterior y escuchar a lo que dicta tu corazón. Utilizando una metáfora futbolera, deberías ir al frente y no "colgarte" del travesaño. Eso sí, siempre y cuando Jonny no cometa ninguna travesura. Suerte.
La última vez que había visto a Jhonatan, ambos teníamos 13 años y estábamos terminando séptimo grado. Después, su padre, oficial de la Prefectura, tuvo que ir a cumplir con el nuevo destino que le habían asignado en la fuerza y con toda su familia se mudó a Paraná, Entre Ríos.
La despedida fue muy triste, ya que éramos algo así como noviecitos y a pesar de nuestra corta edad, sabíamos que pasaría mucho, pero mucho tiempo hasta que nos volviéramos a encontrar.
Durante años mantuvimos el contacto a través de las cartas que nos íbamos escribiendo. En ellas nos contábamos todos los cambios, propios de la adolescencia, que cada uno iba experimentando. En algún momento, no recuerdo si a los dieciocho o diecinueve años, Jhonatan empezó a confesarme como estaba profundizando esos cambios de los que ya hablé, y que sentía incomprensión por parte de su familia. Al principio no presté mucha atención porque supuse que se trataría de alguna típica rebeldía en respuesta a la rígidad educación religiosa impuesta por sus padres.
Empecé a tomar la cosa un poco más en serio, cuando un par de años después me llegó una nueva correspondencia -que cada vez se hacía más intermitente-, donde contaba que para evitar males mayores, abandonaría la casa de sus padres. Se fue a vivir a Rosario, donde su abuela materna lo acogería un buen tiempo.
Hace un mes, después de un año sin noticias de él, recibí otra carta donde me anticipaba que vendría a Buenos Aires y que se moría de ganas de verme. Ni se imagina Doctor Preciado mi emoción, la felicidad que invadió mi corazón y el montón de sensaciones que experimenté ante el inminente reencuentro con mi novio de la infancia, mi primer amor, el único hombre por el cual sentí cosas tan maravillosas.
Me ganó la ansiedad, así que arreglamos que lo iría a recibir a la terminal de ómnibus. Era un lunes a la noche y a eso de las diez escuché por los alto parlantes que hacía su arribo por la plataforma 35 el micro que venía de Rosario.
La gente bajaba y yo no lograba reconocer a Jhonny en ninguno de los muchachos que ya estaban retirando su equipaje. De pronto, cuando ya empezaba a preocuparme y pensaba preguntar si en realidad este era el micro, se me acercó una persona con una gran valija tirada de su carrito. "Hola Eli ¿cómo estás amiga?".
Se la veía muy emocionada, a punto de soltar el llanto. Realmente llamaba la atención: era muy vistoso su cabello rubio, largo y ondulado cayendo sobre los hombros. Llevaba una minifalda negra, recuerdo, que hacía que todos los hombres miraran sus piernas. Sus ojos verdes, hermosos. Por último, su escote generoso, dejaba asomar unos pechos más grandes que los míos. Tendría ciento y pico ahí.
Yo me extrañé, y con mi mejor sonrisa le pregunté de donde me conocía. A lo que la rubia me contestó: "Soy Jhonny, hermosa".
Imagínese Doctor, ahora estoy muy confundida. No se que hacer. Esperé durante años este momento... Hasta conservé mi virginidad para él, y ahora me encuentro con esto. Yo lo sigo amando... pero esta situación me supera.
Mi Estimada:
A veces las apariencias nos alejan de lo que realmente queremos. Creo que no deberías guiarte tanto por lo exterior y escuchar a lo que dicta tu corazón. Utilizando una metáfora futbolera, deberías ir al frente y no "colgarte" del travesaño. Eso sí, siempre y cuando Jonny no cometa ninguna travesura. Suerte.
